LOS MAQUIS ASALTAN GATOVA
Lunes, 5 de mayo de 1947
Gustavo Martínez Sánchez
(Edited & Published by RMA)
Imagen procedente de AHPCE
Los maquis fueron grupos de guerrilleros antifranquistas que continuaron la resistencia armada contra la dictadura de Francisco Franco tras el final de la Guerra Civil Española. Aunque la guerra terminó oficialmente en 1939 con la victoria del bando franquista, miles de republicanos, militantes de izquierda y antiguos combatientes se negaron a aceptar la derrota y decidieron seguir luchando. Algunos permanecieron ocultos en zonas rurales y montañosas de España, mientras que otros se exiliaron a Francia y más tarde regresaron para organizar acciones guerrilleras.
El término «maquis» procede de la resistencia francesa durante la Segunda Guerra Mundial. Muchos republicanos españoles participaron en la lucha contra la ocupación nazi en Francia y adquirieron experiencia militar que posteriormente intentaron aplicar en España. Su objetivo era debilitar al régimen franquista y favorecer un cambio político que permitiera restaurar las libertades democráticas.
La actividad guerrillera alcanzó su máxima intensidad entre 1944 y 1948. Los maquis actuaban principalmente en regiones montañosas como Galicia, Asturias, León, Cantabria, Aragón, Cataluña, Andalucía y Extremadura. Aprovechaban el terreno para ocultarse y desplazarse con mayor seguridad. Sus acciones incluían sabotajes a infraestructuras, ataques contra puestos de la Guardia Civil, obtención de recursos, difusión de propaganda clandestina y apoyo a personas perseguidas por el régimen.
Uno de los episodios más importantes fue la invasión del Valle de Arán en octubre de 1944, conocida como la “Operación Reconquista de España”. Miles de guerrilleros cruzaron los Pirineos con la esperanza de establecer una zona liberada que sirviera como punto de partida para una insurrección general contra Franco. Sin embargo, la operación fracasó debido a la rápida respuesta de las fuerzas franquistas y a la falta de apoyo internacional.
La supervivencia de los maquis dependía en gran medida de una extensa red de colaboradores civiles, conocidos como «enlaces». Estas personas proporcionaban alimentos, refugio, información y ayuda logística. Su papel fue fundamental, aunque también estuvieron expuestas a una fuerte represión por parte de las autoridades. Tanto los guerrilleros como sus colaboradores sufrieron detenciones, torturas, encarcelamientos y ejecuciones.
Grupo de guerrilleros. Fuente: Crónica Popular
La Agrupación Guerrillera de Levante y Aragón
La Agrupación Guerrillera de Levante y Aragón (A.G.L.A.) constituyó la organización guerrillera antifranquista más importante creada por el Partido Comunista de España durante la década de 1940. Su historia se desarrolló en las montañas del Sistema Ibérico, entre los abruptos paisajes de Teruel, Cuenca, Castellón, Valencia, Guadalajara, Tarragona y Zaragoza, donde cientos de hombres y mujeres mantuvieron viva la resistencia armada contra la dictadura franquista durante los años más duros de la posguerra.
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Lejos de ser un conjunto disperso de partidas aisladas, la A.G.L.A. llegó a convertirse en una organización compleja, dotada de una estructura casi militar. En sus primeros años se articuló en tres grandes sectores, aunque el crecimiento de la actividad guerrillera obligó pronto a reorganizarla y ampliar su radio de acción. Cada sector se dividía en brigadas, batallones y compañías, reproduciendo una jerarquía que pretendía garantizar la coordinación de operaciones a lo largo de un territorio inmenso y extremadamente difícil de controlar.
El primer comandante designado por el Partido Comunista fue Vicente Galarza Andrés. Su trayectoria al frente de la organización fue breve. Detenido por las fuerzas franquistas, sería fusilado en julio de 1947, convirtiéndose en uno de los primeros símbolos de la lucha y del sacrificio de la guerrilla levantina.
Con el paso del tiempo, la agrupación quedó organizada en cuatro sectores principales. El 5.º Sector extendía sus operaciones por Cuenca y parte de las provincias de Teruel y Guadalajara. El 11.º Sector actuaba entre Cuenca, Valencia, Teruel y Castellón. El 17.º Sector dominaba buena parte de la provincia de Teruel y amplias zonas castellonenses. Finalmente, el 23.º Sector, surgido de la división del anterior debido al incremento de las operaciones, ampliaba la presencia guerrillera hacia áreas de Zaragoza, Tarragona, Castellón y Teruel.
Fuente Wikipedia
La A.G.L.A. se caracterizó por una movilidad constante. Nada permanecía inmóvil en aquella guerra silenciosa: ni los hombres, ni los campamentos, ni los planes de acción. Las unidades se desplazaban de una sierra a otra siguiendo las necesidades estratégicas del momento, evitando la fijación de posiciones permanentes que facilitaran su localización. Los sabotajes, las requisas, los llamados golpes económicos, los ajusticiamientos y los enfrentamientos con la Guardia Civil formaban parte de una actividad casi ininterrumpida que mantenía en tensión a las autoridades franquistas.
La respuesta del régimen fue igualmente contundente. La Guardia Civil movilizó enormes recursos humanos y materiales para acabar con la insurgencia. Los cercos, las batidas, las infiltraciones y la represión sistemática de las redes de apoyo fueron debilitando progresivamente a la organización. Las bajas aumentaban, las detenciones se multiplicaban y las deserciones comenzaban a hacerse notar. Sin embargo, la guerrilla trataba de compensar estas pérdidas incorporando nuevos combatientes procedentes de los llamados «puntos de apoyo quemados» —colaboradores descubiertos por las autoridades— o de personas que, perseguidas por la represión, encontraban en la montaña la única posibilidad de supervivencia.
El flujo de hombres entre sectores era continuo. Combatientes experimentados eran trasladados allí donde la situación resultaba más delicada, mientras los mandos reorganizaban constantemente sus efectivos para responder a la presión policial. Los jefes de sector eran designados por la dirección de la Agrupación o directamente por las estructuras del Partido Comunista, ya fuera desde Francia o desde Valencia. Los cambios en la jefatura eran frecuentes, unas veces por razones estratégicas y otras por la muerte o captura de quienes ocupaban el cargo.
Pero si algo distinguió a la A.G.L.A. de otras agrupaciones guerrilleras españolas fue su estrecha vinculación con el medio montañoso. Mientras que en regiones como Asturias o León los guerrilleros dependían en gran medida de las viviendas de sus enlaces para refugiarse, en Levante y Aragón fue la propia serranía la que proporcionó abrigo y protección. Los extensos pinares, los barrancos escarpados, los montes cubiertos de matorral y las zonas apenas habitadas ofrecían un escenario ideal para la clandestinidad. Aquellas montañas estaban pobladas por pastores, agricultores, resineros y habitantes de masías dispersas que conocían el terreno mejor que nadie. En ese entorno se desarrolló la vida cotidiana de los guerrilleros. Una existencia dura y precaria, marcada por las largas marchas nocturnas, la vigilancia constante y la necesidad de permanecer invisibles. Durante el día descansaban ocultos entre los bosques o en los campamentos, aprovechando las horas de luz para organizar servicios, estudiar cuestiones políticas, planificar operaciones o recibir formación militar. La montaña se convirtió también en una escuela inesperada. Muchos de aquellos hombres habían llegado al monte siendo analfabetos. En los campamentos aprendieron a leer y escribir, impulsados por la importancia que la organización concedía a la formación política y cultural.
Miembros de la guerrilla de Levante, Cuenca y Aragón. Fuente:memoriademocraticaclm.uclm.es.
Los campamentos variaban enormemente en tamaño y complejidad. Algunos eran simples refugios temporales levantados para pasar unas pocas noches. Otros llegaron a convertirse en auténticas bases permanentes. Un ejemplo de los primeros fue el refugio de Vago Centeno, en Santa Cruz de Moya, construido con piedras y cubierto con lonas. En el extremo opuesto se encontraba el Campamento-Escuela de Tormón, una instalación mucho más compleja formada por chozas de troncos y piedra, cocinas, almacenes y espacios destinados a la instrucción. El agua era un elemento esencial para la supervivencia. Por ello, los campamentos se situaban siempre cerca de fuentes o pequeños cursos fluviales, aunque el abastecimiento se realizaba generalmente durante la noche para evitar ser detectados. Del mismo modo, se procuraba mantener una relativa proximidad a las poblaciones, facilitando así el aprovisionamiento de alimentos y otros recursos.
La supervivencia de la guerrilla dependía, sin embargo, de una extensa red de colaboradores civiles. En la terminología propia de la A.G.L.A., estas personas recibían el nombre de «puntos de apoyo». A diferencia de otras regiones de España, donde se utilizaba el término «enlaces» para designar a quienes ayudaban a los guerrilleros, en Levante y Aragón esa denominación se reservaba para combatientes especialmente experimentados encargados de mantener las comunicaciones entre sectores o de atravesar clandestinamente la frontera francesa. Los puntos de apoyo constituían la auténtica retaguardia de la resistencia. Campesinos, pastores, familias enteras y vecinos de pequeñas aldeas proporcionaban alimentos, refugio, información y ayuda logística. Sin ellos, la guerrilla no habría podido sobrevivir.
Consciente de esta realidad, el régimen franquista dirigió gran parte de su esfuerzo represivo contra estas redes civiles. La violencia ejercida sobre ellas alcanzó en ocasiones niveles extremos. Uno de los episodios más dramáticos tuvo lugar en Monroyo, en 1947, cuando entre seis y ocho personas vinculadas a la guerrilla, algunas de ellas familiares o colaboradores de los maquis, fueron ejecutadas sin juicio previo. Como tantos otros sucesos de aquellos años, la masacre reflejaba hasta qué punto la lucha contra la guerrilla se había convertido en una guerra sin cuartel, donde la línea que separaba a combatientes y población civil era cada vez más difusa.
Miembros de la Guardia Civil. Alamy
EL ASALTO A GATOVA
En los alrededores de Gátova se sabe que, por aquellos años, se ocultaba un grupo de entre ocho y diez maquis en los montes próximos a Tristán y que varios de aquellos guerrilleros eran naturales del pueblo. En ocasiones, algunos de ellos descendían sigilosamente al pueblo durante la noche a casa de amigos y/o familiares en busca de dinero o provisiones para poder subsistir, una situación que suponía un riesgo considerable para sus habitantes. El peligro radicaba en las consecuencias que podía acarrear el hecho de que cualquier colaboración llegara a conocimiento de la Guardia Civil.
Seguramente existieron numerosos testimonios de encuentros con ellos mientras los vecinos trabajaban en el campo o marchaban por los caminos. No se sabe ciertamente si se trataba de guerrilleros del A.G.L.A. o de huidos en el monte en busca y captura por temor a las represalias de las autoridades franquistas, es un tema del que sólo conocemos difusos testimonios que contaban los abuelos y que habría que analizar en profundidad. Lo que sí se sabe con total seguridad es que estuvieron varios años escondidos en el monte.
El testimonio más extenso del que tenemos constancia es el ataque perpetrado en el pueblo de Gátova el 5 de mayo de 1947 fue protagonizado por Victoriano Anastasio Serrano Rodríguez, alias “Capitán”, un experimentado combatiente del que hemos podido conocer parte de su biografía (procedente de la web “Los de la Sierra 1936-1975”):
Anastasio Serrano Rodríguez “Capitán”. Fuente SHGC
Nacido en Villanueva de Perales (Madrid) en 1919.
Durante la guerra civil, Atanasio Serrano Rodríguez había sido oficial de la Brigada de Valentín González “El Campesino”.
Durante la Resistencia francesa, Atanasio Serrano Rodríguez “Capitán”, hijo de un guardia civil exiliado, había sido miembro de la Agrupación de Guerrilleros de l’Ariège y jefe de la Brigada Foix. Posteriormente participó en la invasión de la Vall d’Aran en octubre de 1944 en el marco de la Operación “Reconquista de España”. Se cruzó con el grupo de Juan Delicado González “Delicado”: tras cruzar el río Ebro y llegar a la zona de Javalambre (Teruel), el grupo se dividió en dos, comandados respectivamente por “Delicado”, que llegó a la zona de Cuenca, y Anastasio Serrano, que permaneció en la zona de Teruel.
En 1945, fue responsable en la zona de Nogueruelas (Teruel) de un grupo de quince hombres procedentes de Francia, entre ellos Miguel García “Chaval”, Francisco Martínez “Vitini”, Manuel Ortiz “Andrés”, Miguel Mármel, José Linares “Valencia” y Julián Valeriano “Conill de Cinctorres”. Este grupo evitó inicialmente los enfrentamientos con la Guardia Civil y se dedicó a organizar una buena red de agentes de enlace.
En 1946, tenía su base cerca de Mosqueruela y había dividido al grupo en dos unidades. En la primavera de 1946, organizó un atraco entre Rubielos de Mora y Mora de Rubielos, para el cual entregó 70.000 pesetas en mayo a Doroteo Ibáñez Alconchel “Maño” para ayudarle a organizar la AGL.
A finales de mayo, participó con Doroteo Ibáñez, Ángel Fuertes Vidosa “Antonio”, Florián García Velasco “Grande” y Francisco Corredor Serrano “Pepito el Gafas” en una reunión para preparar el ataque a un tren que transportaba la paga de los trabajadores ferroviarios y cuya información había sido dada por 3 trabajadores ferroviarios de la CNT de Teruel; el 7 de julio participó en el ataque al tren en Caudé (Teruel) donde los guerrilleros se apoderaron de 649.000 pesetas de las cuales 400.000 serían reservadas para el entrenamiento de la “Agrupación guerrillera de Levante” (AGL) y el PCE, 4.000 para las familias de los presos de Zaragoza, 2.000 para los presos, 50.000 para los trabajadores ferroviarios de la CNT y 4.000 para el grupo de “Navarro”.
El 17 de septiembre (¿o agosto?) de 1946, participó en el campamento Charco Negro en la cueva de Regajo (Camarena de la Sierra) en una reunión de los principales líderes guerrilleros en torno a Doroteo Ibáñez Alconchel, “El Ibáñez”, enviado por el PCE (Partido Comunista Español) para organizar la guerrilla. Durante la reorganización de la “Agrupación Guerrillera de Levante” (AGL), fue nombrado adjunto del secretario general del Comité Regional del Levante. También fue nombrado jefe de uno de los dos batallones del grupo “Retaguardia”, parte del sector 11 de la AGL liderado por Florián García Velasco, “El Grande”, cuya principal área de operaciones en 1946 fue al sur de Rincón de Ademuz y en la Sierra de Javalambre, donde se multiplicarían el sabotaje, los secuestros y los ataques. En agosto también participó en la asamblea general de dirigentes del sector AGLA en el campamento de Cerro Moreno, distrito de Santa Cruz de Moya (Cuenca).
En el pueblo de Gátova existió un <<Somatén Armado>>, una especie de milicia urbana armada. Dicho somatén existió ya en tiempos de la dictadura de Primo de Rivera (años 1923-1930), siendo disuelto por la República e instaurado de nuevo por Francisco Franco en octubre de 1945 con la denominación de: Somatén Armado. Su función fue colaborar con la Guardia Civil como fuerza auxiliar en áreas rurales, vigilar infraestructuras además de la delación, vigilancia y caza de guerrilleros y también de reprimir el movimiento obrero. Estaba formado mayormente por hombres generalmente grandes propietarios y afines al régimen y tenían acceso a fusiles custodiados en los cuarteles de la Guardia Civil.
Los detalles del asalto al pueblo lo descubrimos a través de un libro titulado “La Pastora. Del monte al mito” escrito por José Calvo cuenta los testimonios directos de ocho guerrilleros. La obra se centra en la Agrupación Guerrillera de Levante y Aragón (AGLA), documentando las vivencias de los maquis y la presión sobre los masoveros.
Wikimedia
En las páginas 177-178 narra extensamente lo que sucedió:
Anastasio Serrano Rodríguez, Capitán, al frente de entre diez y quince de sus hombres, entró en Gátova en torno a las 23:30 horas del 5 de mayo. Dos guerrilleros se dirigieron a las dependencias del Ayuntamiento, donde se encontraba el secretario de Administración Local, al que conminaron a abrir la caja de caudales con la intención de apoderarse de la recaudación. El secretario respondió que eran precisas tres llaves para su apertura, hallándose las otras dos en poder del alcalde y del tesorero. Ambos fueron conducidos de inmediato al Ayuntamiento y, en su presencia, la caja fue abierta: su contenido no rebasaba las treinta y seis pesetas, cantidad que los guerrilleros despreciaron sin llegar a apoderarse de ella.
El resto de los hombres quedó apostado en la calle, con la orden de detener a toda persona que transitara por ella y conducirla a la posada. Cuando regresaron los que se habían dirigido al Ayuntamiento, siempre acompañados por el alguacil, los guerrilleros se personaron en casa de varios vecinos incluidos en una lista que portaban, integrada por los más acomodados y por miembros del Somatén Armado. Exigieron, en primer término, las armas de que pudieran disponer y, en segundo, el dinero en metálico que hubiera en las viviendas. Al no considerar suficientes los resultados, procedieron a registrar hasta ocho domicilios, de los que sustrajeron en conjunto treinta y dos mil pesetas, así como víveres, prendas de vestir, alpargatas, tabaco y otros efectos, además de tres cerrojos de fusil, un fusil Mausine completo (Mosin Nagant), otros sin cerrojo y más de sesenta cartuchos hallados entre la ropa registrada.
Mientras tanto, el subcabo del Somatén intentó reunir, por medio del alguacil, a los miembros del instituto armado en la era Isabel (al final de la calle Segorbe), con el fin de organizar la defensa del pueblo; pero se lo impidió la presencia de dos grupos de bandoleros que avanzaban por calles distintas, ordenando a su paso la concentración de los vecinos en la posada. Tampoco pudo darse la señal de alarma, al no hallarse el sereno prestando servicio a esas horas.
De la actuación de los guerrilleros, los guardias dedujeron con casi total certeza que no les guiaba una finalidad política, sino un ánimo claramente orientado al lucro. Se estimó que tenían entre veinticinco y treinta y cinco años; vestían trajes de pana oscura, se cubrían con boina negra y calzaban alpargatas. Se comunicaban en un castellano impuro, y se cruzaban de vez en cuando palabras y frases en francés.
Reunidos a toque de silbato, abandonaron el pueblo por la carretera de Marines.
La era Isabel. Al final de la calle Segorbe. Foto de Asun Navarré.
Al tener conocimiento de los hechos, el teniente coronel de la 233ª Comandancia (Castellón) se trasladó a Gátova, donde el capitán de la primera compañía ya había organizado la persecución de los bandoleros con fuerzas de Viver, Caudiel, Segorbe y un oficial al mando de una sección del escuadrón del Ejército (Arma de Caballería) con base en Segorbe, en grupos de veinticinco hombres. La persecución se extendió por Gátova, Altura, Geldo y la divisoria entre las provincias de Valencia y Castellón. El teniente de la línea de Viver, con fuerzas de los destacamentos de Cueva Santa, El Toro y Sacañet, así como de la Tercera Columna Volante, batió la sierra de El Toro, divisoria provincial y nacimiento del río Palancia. Un sargento y diez guardias del puesto de Liria (134ª Comandancia, Valencia) batieron la zona de Marines. La lista que portaban los guerrilleros, y en particular la posible colaboración de particulares en su elaboración, centró las investigaciones de los agentes.
El Mundo Obrero, uno de los periódicos elaborados de forma clandestina, publicó:
“Fuerzas de la 5ª Brigada penetraron en el pueblo de Gátova, desarmando a somatenistas y falangistas e imponiendo multas a algunos de ellos por su destacada colaboración con las fuerzas de represión franquistas. Tras permanecer dos horas en la localidad y cantarse los himnos del movimiento guerrillero, nuestras fuerzas se retiraron sin novedad.”
Postal de Gátova año 1966.Calle Marines. Archivo Internet
Hasta aquí llega la información conocida sobre el asalto a Gátova. No ha aparecido ninguna otra referencia al suceso en periódicos ni en hemerotecas, lo que resulta especialmente llamativo. Este silencio informativo fue promovido por el régimen franquista con el fin de evitar que los maquis fueran percibidos como una resistencia política organizada y presentarlos, en cambio, como simples delincuentes. De hecho, cuando se hacía referencia a ellos, se evitaba deliberadamente el término «guerrilleros», sustituyéndolo por el de «bandoleros». A través del libro de Gátova de Vicente Sánchez Domingo (Ensayo geográfico, histórico y sociológico) conocemos los nombres de algunas autoridades de aquellos años que fueron víctimas del asalto aquella noche; siendo el alguacil José Gil Martínez y el alcalde Victoriano Sánchez Martínez.
La única documentación conocida procede de los partes de la Comandancia y del Archivo Provincial de Castellón. Una investigación más profunda de estas fuentes podría permitir esclarecer finalmente quién o quiénes ayudaron a los maquis proporcionándoles la lista.
Lo que sí sabemos es que Anastasio “Capitán” fue abatido por la Guardia Civil dos años más tarde, el 2 de noviembre de 1949, en La Rodea, término municipal de Cañizares (Cuenca). Tras su muerte fue sustituido al frente del Sector 5 por Rafael Galindo, conocido como «Mauro».
A finales de la década de 1940 la situación internacional experimentó un importante cambio. El inicio de la Guerra Fría llevó a las potencias occidentales a descartar una posible intervención contra el régimen franquista. Sin el apoyo exterior que esperaban y frente a una represión cada vez más eficaz, los grupos guerrilleros fueron debilitándose progresivamente. Durante la década de 1950 la mayoría de las partidas desaparecieron, aunque algunos combatientes continuaron resistiendo de forma aislada.
Los últimos maquis activos fueron capturados o abatidos durante la década de 1960. Con ello concluyó una de las etapas más prolongadas de resistencia armada de la historia contemporánea de España.
Gustavo Martínez Sánchez – Gátova, 19 Junio 2026
[Edited & Published by RMA (Rafael Martínez Ángeles) – 23/09/2026]






