El mono de la Peñarroya

De cómo una leyenda condujo a un increíble hallazgo

Gustavo Martínez Sánchez

(Edited & Published by RMA)

Innumerables pueblos, edificios y lugares de España son conocidos por leyendas acerca de fantasmas que habitan en ellos, fenómenos extraños o historias truncadas de amores imposibles. Brujas, ninfas y otros seres mitológicos abundan en el rico folklore español, muchas de esas historias se han transmitido de generación en generación.

Peñarroya a la izquierda, bajando desde Gátova. Foto de Gustavo Martínez Sánchez. Gátova, febrero 2024.

Cerca de Gátova existió hace mucho tiempo una leyenda  que curiosamente comparte con el pueblo de Marines Viejo al lindar entre ambos términos. Cuenta la leyenda que en la Peñaroya vivían unos monos que asaltaban y robaban a los caminantes que pasaban bajo la descomunal peña camino de Marines. Al preguntar a nuestras madres si son conocedoras de esa leyenda, nos indican que sí les suena pero no aportan muchos más datos. Al parecer, antiguamente, el “mono” era el particular  “Hombre del saco” del pueblo para asustar a los niños y que no se acercaran a dicho lugar ni se aventuraran a ir a Marines o a Gátova… sobre todo cuando caía la noche.

 

 

 

Peñarroya a la derecha, subiendo desde Marines Viejo. Foto de Gustavo Martínez Sánchez. Gátova, febrero 2024.

Encontramos la leyenda de la Peñarroya en el mismo artículo de los “Anales del Centro de Cultura Valenciana” donde cuentan la investigación que hicieron los arqueólogos y eruditos a la Misteriosa Roca de la Era del Pino. Dichos Anales eran una recopilación de los estudios, excavaciones, e investigaciones arqueológicas que se publicaban y presentaban anualmente en el Centro. Escrita también por Nicolau Primitiu, que usaba el pseudónimo de Primigenius.

Anales del Centro de Cultura  Valenciana, nº 22. Año 1935. Portada.

Tras la conclusión a la que llegaron con la roca, unos párrafos más abajo cuenta, también en valenciano, una fascinante historia  que reproducimos a continuación traducida al castellano. Describe unos sucesos extraños y paranormales que, al parecer, realmente sucedieron bajo la Peñarroya, con los nombres de las personas de Gátova que pudieron verlo, como Pascual Catalá Martínez que es el narrador de estos extraños hechos, que fue entrevistado por Nicolau Primitiu. Tal parece que la leyenda, o parte de ella, era real, o al menos así lo cuentan.  Así comienza el artículo:

“La penya roya, situada a la izquierda del camino de Gátova a Olocau, encima de su barranco, tiene la cima como revuelta por un gran cataclismo. Es curioso ver este amontonamiento de peñas que han producido simas, cuevas, agujeros y lugares peligrosos debidos, seguramente, a un seísmo que produjo el derrumbe de la cima de la montaña. Donde es probable que hubiera una gran cueva, cuyo hundimiento provocó este catastrófico panorama.

La zona conocida como los “Carcamales”, junto a la Peñarroya. Fotos de Gustavo Martínez Sánchez y de Rafael Martínez Ángeles, respectivamente, de 14/12/2023.

Una de las numerosas simas, algunas de gran profundidad Foto Rafael Martínez Ángeles de 14/12/2023

Este sitio es interesante demosóficamente. El viejo Pascual dijo que las mujeres de Gátova asustan a los niños mencionándoles <<el mono de la Penya Roya>> y contó que un sobrino suyo, yendo a Olocau una noche, se le apareció una especie de simio negro y del susto se enfermó. Para volverse a Gátova se hizo acompañar de su tío, ya de noche; pero cuando estaban cerca de la Peña Roya hizo que se volviera, que decía que ya no tenía miedo, mas apenas su tío se esfumó por las sombras, el sobrino vió como una gran luz como si se hiciera de día apareciéndose aquel animal negro.

Montaje hecho by Gustavo Martínez Sánchez desde imágenes obtenidas por Internet

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 Pascual dijo que le tuvieron que hacer dos sangrías (1) en las manos y que cuando fue a visitarlo se puso a llorar por si lo tomaba por cobarde. Pascual, incrédulo, le dijo que a él no le saldría y que pensaba pasar por allí para que le saliera. Pocos días después, cuando Pascual y otro valiente (en el texto valentot) ya muy de noche, iban a Olocau cuando al llegar al dicho lugar, el primero (Pascual) vio como el compañero que iba delante, apretaba el paso y echaba a correr. Él observó un gran resplandor y así como un “guió procesional” (2) blanco que bajaba y subía y también apretó el paso hasta acercarse al otro; y cuando pasaron de la Peña roya se atrevieron a descansar, contándose el caso, resulta que uno vió un guión blanco y el otro lo había visto negro. Y Volviéndose dijo que les pasó una cosa parecida.

(1)Procedimiento por el que se hace una punción venosa y se extrae sangre, es un antiguo método purgativo por el que se eliminan los residuos nocivos generados en el interior del cuerpo.

(2) El guión es una bandera doblada diagonalmente y recogida sobre su asta, en cuyo centro figura el escudo de la Hermandad.

El suceso ocurrió hace treinta años, (alrededor del año 1902) dijo Pascual que el fenómeno era conocido de los antiguos y que a algunos el dicho <<mono>> se les había tirado a los muslos sin que se supiera que a ninguno le hubiera hecho daño salvo el susto.”

A continuación relata cómo un hombre, casado con una gatovera, al oír estos sucesos que contaban y recontaban los vecinos, se aventuró a ir de noche a la Peña Roya a esperar al <<mono>> y comprobar in situ el extraño haz de luz que bajaba de la peña:

Los “Carcamales” a la parte izquierda de la imagen junto a la Peñarroya. Al fondo a la derecha el Pico del Aguila.

Foto obtenida del Wikiloc:

 

“Parece ser que David Doménec y Doménec (David Domingo Domingo), casado con una gatovera, conocedor de estos relatos, quiso hacer la prueba; mas el “simio” parecía que no estaba para probanzas y no se le apareció ni se le hizo de día, y por este motivo subió a la cima y exploró las cuevas y covachas, sin encontrar más que una punta de lanza.

 

En la sesión del 7 de noviembre de 1932, fue presentada por el Presidente de la Sección la lanza de hierro con unos extraños signos alfabetiformes hechos con incrustaciones de bronce. La lanza fue donada por David Doménec, de Massarrojos, que la encontró  en el interior de una cueva de la Penya Roya.

Anales del Centro de Cultura  Valenciana, nº 22. Año 1935. Página 62.

Por este motivo visitaron dicho lugar el 13 de agosto de 1933 Joan Senent, Gómeç Senent y el president, acompañados por Pascual Catalán Martínez, de 74 años, hijo de la población. La exploración, muy superficial por falta de medios, no dio ningún resultado. Pascual contó que encontró algunas cosas cuya época no se pudo determinar por falta de datos.”

De la lanza tan sólo disponemos del dibujo que aparece en el texto, no se encuentra ni en el Museo arqueológico de Valencia ni en el de Castellón. No aparecen más datos de ella por lo que nos ha sido imposible seguirle el rastro. De una lanza de hierro con inscripción semejante sólo hallamos una parecida en el Museo Nacional de Escocia y tal vez, si existe, sea como esta.

Punta de lanza del fuerte romano Trimontium, en las fronteras escocesas entre  el año 79 y el 184 d. C.

  

Han transcurrido más de noventa años desde este hallazgo, con la guerra civil de por medio, tal vez fuera saqueada y vendida y forme parte de una colección particular o esté en algún museo. No lo sabemos. De momento forma parte del patrimonio histórico perdido de Gátova, como lo es una lápida funeraria romana con la inscripción: CAESIA H S E  de la que el Centro indica que había fotografías. O como una figura de un animal de piedra que trocearon para hacer de tapia de una vivienda pero que todavía quedaban restos en un corral.

 

Las Provincias: Diario de Valencia. 5 de febrero de  1933. Página 5.

Las Provincias: Diario de Valencia. 9 de diciembre de 1932. Página 3.

Gustavo Martínez Sánchez – Gátova, febrero 2024.

(Edited & Published by RMA - Junio 2024)

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